miércoles, 11 de febrero de 2015

El señor de aquel lugar

¡Hola!

Hoy vengo con un relato que escribí hace tiempo. Bueno, en realidad no mucho, pero es que no me acordaba de su existencia hasta hoy, que lo he vuelto a encontrar XDDD

¡Espero que os guste!

EL SEÑOR DE AQUEL LUGAR


Se paseaba como si fuera el dueño y señor de aquel lugar. Los ojillos dormidos, como atrofiados de los animales que le rodeaban se fijaban en él de forma reverencial, nombrándole en silencio su líder y lanzando vítores que nadie, excepto él, era capaz de escuchar.

Se subió con elegancia a la silla, donde otro de aquellos peluches ocupaba su espacio. Lo miró con desprecio despeñarse y movió el rabo con altanería. Ese era su trono, y nadie podría arrebatárselo. En todo caso, sería él el que le dejara sitio a su humano  y solo porque era plenamente consciente de que, con los ruidos y gestos adecuados, recibiría las caricias adecuadas.

Maulló y se acercó a la ventana para observar la calle. Aquellos ya no eran sus dominios, se escapaban de su reino. De todas formas, aquel era un terreno oscuro y gris, con olores que le mareaban y con demasiados peligros.

No, el felino estaba satisfecho con las novedades que había conseguido a lo largo de aquel tiempo. Cada esquina tenía su marca invisible y cualquiera que se había resistido a aquel cambio silencioso en el gobierno de aquella casa, había sufrido las consecuencias. Tal era el caso de aquel feo peluche que se empecinaba en situarse en su silla, o de la figura que había tenido que tirar de la estantería para hacerse un sitio en aquel lugar privilegiado para observar lo que pasaba en el salón.

El gato, que hasta aquel entonces había permanecido tranquilo, movió el rabo y maulló de nuevo, pero esta vez de una forma diferente. Sus bigotes temblaban nerviosos ante la perspectiva.
Le había visto llegar. Y eso solo significaba una cosa.

Lo imaginó claramente en su cabeza. El humano llegaría, saludaría y entraría en la habitación, dejando la mochila tirada. Y lo primero que haría sería acariciarle la cabeza, luego el tronco y, por último, la tripa, tal y como a él le gustaba.  Pero lo mejor llegaba al final, cuando sacaba una de aquellas galletitas que tanto le gustaban.

Con solo pensarlo, el gato se relamió con gusto. Después, con un brillo satisfecho en sus ojillos, pudo comprobar como todo se desarrollaba tal y como él lo había previsto: la llegada, las caricias y la comida.

Un simple ronroneo servía para dominarlo, para dominarlos a todos, en realidad. Volvió a mirar a los muñecos, que observaban la escena en su mutismo habitual.

Se relamió los bigotes.

Sin duda, él era el señor de aquel lugar.

4 comentarios:

  1. Hola, te acabo de seguir,
    sigue escribiendo y nos leemos
    besos!!

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  2. Muy bueno, tienes toda la razón del mundo. Sin duda, ellos son los verdaderos dueños del lugar :3

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  3. Te he nominado para un tag ^^
    http://elblogdelcuentista.blogspot.com.es/2015/02/book-tag-este-o-este.html#
    No es obligatorio participar si no quieres
    Un beso

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  4. ¡Hola!

    Qué raro, pensaba que había comentado el otro día... en fin, es igual XDDD
    ¡Muchas gracias por leer! Me alegro de que os haya gustado :3

    En cuanto a Teresa... ¡Gracias! Ahora mismo lo miro y en cuanto tenga un ratillo tranquilo, lo hago ^^

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