jueves, 2 de julio de 2015

Girasoles

¡Hola!

En primer lugar, me gustaría disculparme por desaparecer sin previo aviso. Se me juntó de repente todo: un montón de trabajos que había que entregar, un montón de partos de ovejas y, por supuesto, los exámenes. Pero una vez solventados todos esos problemas, ya puedo volver a dedicarle tiempo a mi rinconcito :3

Espero que disculpéis que los primeros relatos que vaya subiendo a partir de ahora estén algo peor. Tengo que volver a cogerle el tranquillo a esto, porque hace casi un mes que no escribo nada (al menos, nada en prosa) y eso se nota.

Por el momento, os dejo con un mini relato que he escrito hoy.

¡Un beso! :D

LOS GIRASOLES


Nunca había visto girasoles felices. Cuando iba en el coche, pasando los amplios campos de Castilla, bellos y poéticos a su manera, aparecían marchitos, como cansados. Sus grandes cabezas miraban al suelo, taciturnas. Sus pétalos amarillos poblaban el suelo, como lágrimas de flores. Sí, había visto girasoles llorosos, que lamentaban el fin del verano.

Sin embargo, a pesar de la estampa pardusca, de las flores reflexivas, para ella había aún belleza. Los girasoles le recordaban al Ícaro de la mitología: anhelaban tanto acercarse al sol que acababan consumidas en su fuego. Había poesía en esa idea.

Sobre todo, porque ese mismo sol se encargaría de hacerlas sonreír de nuevo con la siguiente primavera. 

viernes, 10 de abril de 2015

La oveja negra

¡Hola!

Como ayer prometí entrada, pero no he tenido tiempo de escribirla y esta semana es una locura, he decidido subir otra anécdota que ya tenía escrita :3

Para ponernos en situación (aunque es posible que un día de estos lo escriba de un modo decente): estoy de interna en el departamento de producción. ¿Y qué quiere decir esto? Pues que me llevan de excursión a mataderos y cebaderos a coger muestras. O participar en  estudios de bienestar. E, incluso, cuidar a las ovejas de la facultad. Porque sí: en mi facultad tenemos granja. Somos guays.

En fin, una vez dicho esto, os dejo con la historia. Si no entendéis algo, decídmelo, porque estoy descubriendo lo complicado que es explicar conceptos en un texto y que siga teniendo ritmo XDDD

La otra historia, la del jueves, os la debo ;)

LA OVEJA NEGRA

En realidad esta no es la oveja del relato (no tengo ninguna de ella)  pero...¿a qué es remona? :3

Desde el primer día nos había dejado claro que no había que tener piedad con los corderos dormidos. Por mucha pinta de estar soñando con ovejitas angelicales o con los mejores pastos que pudieran desear (o más, bien, mejores ubres), había que levantarlos.
-El año pasado hubo unos que no lo hicieron-nos contó el primer día-y luego el cordero apareció muerto por hipotermia. Así que, ya sabéis: mejor despertarlo a que luego no despierte.
Y puso su habitual sonrisa. Sin embargo, la del rostro de los internos que estábamos allí se borró de inmediato. O, como mínimo, la mía.
Por ello siempre despertábamos a todos y cada uno de los pequeñines. Un chico daba palmas y decía “¡arriba perezosas!”, lo que hacía que todas se levantaran asustadas y le miraran con cara de “este humano está loco”.
Yo prefería un método menos ruidoso: iba de cordero en cordero para, molestándoles un poquito, hacer que se levantaran. Así me aseguraba además de que mamaran y de que estuviera bien.
Eso es lo que hice esa tarde.
Para ello, fui en orden: primero las parideras, recintos más pequeños dentro de donde se encuentran las ovejas para hacer que la madre esté junto a su hijo y lo reconozca sin problemas. Me metí en la del fondo, donde una oveja blanca me miró sin inmutarse demasiado mientras toquiteaba a su hijo hasta que se levantó. Creo que esa oveja me reconoció como la chica maja que de vez en cuando la daba comida. Salí y fui a la siguiente.
Sin embargo, el recibimiento no fue el mismo. Tal vez no había sido una buena idea saltar por encima de la valla en lugar de simplemente abrir la puerta. Tal vez es que esa oveja era huraña por naturaleza. Quizás es que me tenía odio por haberle dado una medicina cuando estaba embarazada.
El caso es que ya su mirada me alarmó.
Era una oveja negra, al menos el pelo que recubría sus patas y su cabeza lo era. La lana de las ovejas negras (las de la raza Castellana) es marrón chocolate. Por eso, siempre me había gustado mucho más que las blancas: eran una especie de brownie con patas y que te observaban de forma amigable.
Pero esa no. La oveja negra clavó sus ojillos en mí. Después, empezó a hacer chirriar sus dientes de un modo muy amenazante. Después, comenzó a mover la pata delantera escarbando la tierra.
A todo esto, yo intentaba acercarme al cordero, que estaba al fondo, detrás de la madre. Di un pasito más.
-Tranquila…-susurré.
Pero no hizo efecto. En cuanto me moví otro poco, la oveja cargó contra mí y me dio un cabezazo con todas sus fuerzas. Por suerte, lo vi venir y logré apartarme.
-¡Ay!-gimoteé.
No me di por vencida. Tenía que asegurarme de que el cordero estaba bien (aunque parecía estar mejor que yo, la verdad) y por eso seguí en mis trece.
Era ya cuestión de orgullo.
Era la oveja contra mí y no estaba dispuesta a perder.
Avancé otro pasito. La oveja quiso volver a embestirme, pero esta vez le sujeté la cabeza.
-¡Ja! Ya no eres tan fuerte, ¿eh?
Volvió a intentar pegarme. No lo logró, pero sí consiguió pisarme. Y bien fuerte, además.
Pero lo important era que ya había logrado llegar al cordero. Por fin.
Le toqué la cabeza. Después, al ver que estaba tan dormido que ni tan siquiera reaccionaba, le toqué el dorso y la tripita. Entreabrió los ojos, pero debió decidir que yo no era alguien realmente interesante.
-Vamos… a ver si tienes hambre… ¿No quieres mamar? ¡Ay, oveja, qué pesada eres!
Con las palabras del profesor revoloteando por mi cabeza, me decanté por una medida drástica: lo cogí y le obligué a ponerse en pie. El corderito miró a su alrededor, como si de repente no supiera bien dónde se encontraba. Después, fue a buscar la ubre de su madre.
Suspiré, aliviada. Sin dejar de mirar a la oveja y sin que ella tampoco dejara de observarme a mí, salí de la paridera. Cuando me quise dar cuenta, el cordero volvía a estar durmiendo a pierna suelta.
Quise volver a acercarme para sacarle una foto, pero la oveja negra empezó a chirriar los dientes. Cambié de idea.
Total, todavía tenía mucho trabajo que hacer.

lunes, 6 de abril de 2015

La señora de las vacas


LA SEÑORA DE LAS VACAS



Hay veces que ocurren cosas que no te esperas. Por supuesto, no me refiero a cuando tienes suerte y la ley de Murphy no se cumple con la tostada. O cuando logras no caerte cuando vas en el autobús y el conductor da un frenazo. Ni tan siquiera me refiero a esos exámenes que dabas por suspensos y que de repente aparecen aprobados.

No. Me refiero a ese tipo de cosas que son especiales, a ese tipo de días que, sin que tú te des realmente cuenta, se guardan en tu corazón simplemente porque has hecho algo que en un principio no ibas a hacer.

Eso fue lo que sucedió el día que conocí a la señora de las vacas.

Estábamos de vacaciones en el pueblo y los días se habían convertido en una rutina. Desayunar. Playa. Comer. Paseo. Cena. Peli. Las horas eran una mera copia del día anterior. Además, ni tan siquiera estaba mi hermano, por lo que todo se hacía incluso más insoportable.
Por eso, cuando paseábamos por las tardes y pasábamos por delante de una vaquería, me la quedaba mirando. Las vacas también me devolvían la mirada, con esa forma tan suya que siempre me saca una sonrisa.

Mi padre parecía leerme el pensamiento.
-¿Por qué no te acercas un día y les dices que si puedes estar con ellos?
-Pero… ¿cómo voy a hacer eso? No creo que me dejen…

Yo contestaba con convicción, aunque una parte de mí sabía que había posibilidades de que no les importara. De que, en realidad, eso era lo más seguro.
Pero lo dejé pasar un día y otro. Hasta que mi padre me convenció.

-De acuerdo, iré… pero vienes conmigo-acepté.

Fuimos los dos juntos. El olor a estiércol nos envolvió, pero no tardé en acostumbrarme. Miré a mi padre y me di cuenta de que a él sí le importaba, aunque no se quejó en ningún momento.
Finalmente, llegamos a la explotación. No había puerta ni nada parecido, pero a partir de cierto punto supe que habíamos entrado.

-No están…
-Pues vamos a buscarlos.

Nos adentramos un poco más en la vaquería. Fue entonces cuando vi a la ganadera: bajita, algo regordeta, con una bata vieja y un delantal manchado. Debía rondar los cincuenta y tantos, pero sus ojos oscuros brillaban de una forma jovial.  Su piel tenía el color de quien pasa muchas horas al sol y aparecía algo cuarteada.

En ese momento, estaba dando un cubo de leche a un ternero.
Me acerqué poco a poco. Cuando levantó la mirada, me vio.
En ese mismo momento, pensé que nos iba a echar. Al fin y al cabo, habíamos entrado en su granja sin permiso, sin conocer a nadie y como Pedro por su casa, vaya.
Pero no.
Nos sonrió.

-¡Hola!-saludó.
-Hola-respondí yo. Y entonces supe que tenía que hacerlo.

Le expliqué hablando a toda velocidad que yo era una estudiante de veterinaria de Madrid y que había visto la granja desde la carretera. La pregunté si podría echar una mano en las tareas de la explotación para aprender.

-Es que me gustaría más dedicarme a las vacas que a los perros, por ejemplo, pero, claro, en Madrid es difícil hacer prácticas con vacas y eso…

La mujer me miró con sorpresa. Los terneros lamían sus manos, pero ella no los hacía caso. De hecho, también habían logrado lamerme a mí, pero yo solo había respondido acariciando su cabeza.

-¿De verdad te gustan más los jatos?-preguntó finalmente.

La miré sin comprender. ¿¡Los qué había dicho!?
Ella se rio.

-Los ternerucos, me refiero.

Noté cómo me ponía colorada.

-Sí, sí… Al menos me llama mucho más la atención. No sé, son monos-respondí mirando con ternura a los pequeños. Uno de ellos se metió la lengua en la nariz, rompiendo un poco la magia del momento.

-Ah, pues qué raro, ¿no? Pero sí, claro, tú vente cuando quieras. Total, dan mucho trabajo… Una siempre tiene que estar aquí…

Y me empezó a contar cosas de la explotación: anécdotas, casos… En realidad, me había abierto las puertas antes incluso de conocer mi nombre.

Ese fue un detalle del que me di cuenta cuando íbamos a irnos.

-Por cierto, me llamo Ana.
-Encantada. Yo me llamo Rosa. Entonces, nos vemos mañana, ¿no, nenuca?


Asentí con una sonrisa. 

Veterianadas

¡Hola!

Y después de mucho, mucho tiempo... ¡VUELVO POR AQUÍ! ¡Y ADEMÁS CON UNA SORPRESA!

Sí, señoras y señores: después de darle unas cuantas vueltas (no muchas, la verdad :P), me he animado a abrir esta nueva etiqueta: Veterianadas.  ¿Que qué es eso? Pues son todas las anécdotas que tengo como estudiante de veterinaria relacionadas con mis bichos. Algunas serán más alegres, otras más interesantes, otras más anitadas... En fin, un poco de todo.  Espero que os resulte interesante esta nueva sección :D

martes, 24 de febrero de 2015

Delirios de Robin Hood

¡Hola!

Estoy segura que muchos de vosotros no me creeríais si os digo que las escenas que mejor se me da escribir son aquellas gore, de esas que te mantienen en tensión. Veis el blog tan mono puesto, con un peluche como imagen de perfil y decís "bah, nos está tomando el pelo". O me veis a mí en persona, y todavía os lo creéis menos.

Pero sí. De hecho, el primer género con el que empecé a escribir novelas fue, precisamente, novela negra y de terror.

Así que hoy traigo un trocito, un prólogo para mostrároslo. Es de una historia que no he conseguido acabar, pero cuyos personajes estoy usando en la novela que estoy escribiendo ahora.

¡Espero que os guste! :D

 Imagen

Aquella noche parecía condenada a difuminarse en la memoria. Tan solo  el canto  candencioso de un reloj de pared acompañaba a la nana de las olas del mar que se escuchaban a lo lejos.
Amanda, sin embargo, permanecía ajena a toda esa paz que la rodeaba. Una pesadilla llena de monstruos voraces había logrado filtrarse en sus sueños, obligándola a despertar. Una luz iluminaba su rostro, todavía con las huellas del miedo que había sufrido. Se abrazó más a su osito de peluche.

<<Debo ser una chica grande>>, se dijo. <<Las chicas grandes no lloran, eso es lo que siempre dice mamá>>.

Suspiró y apagó la luz. Se comportaría como la niña mayor que era y no iría al cuarto de sus padres en busca de la seguridad que tanto anhelaba. Se tumbó en la cama, pero el temor de volver a soñar aquellas cosas horribles le impedía cerrar los ojos.

Se preparó para una noche en vela cuando lo escuchó.

Un ruido extraño que rompió la armonía de la noche.

-¡No!-oyó entonces un grito estremecedor de su padre.

De nuevo, el mismo sonido extraño de antes.
Y silencio.
Amanda tragó saliva.

-¿Papá? ¿Mamá?-preguntó en un susurro.

Pero nadie respondió.

Reuniendo todo su valor, la pequeña salió de la protección de las sábanas. Se aferró con fuerza al peluche y, de forma sigilosa, se deslizó por el pasillo hasta la habitación de sus progenitores.

La puerta, que siempre permanecía cerrada, se mostraba en esta ocasión entreabierta, como retándola en silencio. Amanda empujó la madera con una de sus manitas.

Deseó no haberlo hecho jamás.

Solo la trémula luz de la luna se colaba por los ventanales, vestidos por unas finas cortinas que danzaban con la leve brisa marina. Sin embargo, aquello era suficiente para iluminar aquel infierno.

-Mamá... mami...-sollozó mientras se acercaba con pasitos torpes a aquel muñeco, a aquel montón de carne que yacía en el suelo, sentado a los pies de la cama.

Su llamada se paró en seco cuando pisó un líquido cálido y viscoso. Siguió con la mirada el origen de aquel charco que se iba extendiendo por el suelo.

Y fue entonces cuando vio el orificio en la cabeza de la mujer. De él manaba la sangre, junto con trocitos de hueso y vísceras, acariciando su rostro y su brazo como una morbosa cascada.

-¡Mamá!-quiso gritar, pero la voz le falló.

Se alejó unos pasos y cerró los ojos, anegados de lágrimas.

<<No es más que una pesadilla. Unapesadilla, unapesadilla, unapesadilla>>.

Los abrió de nuevo.
Era real.
Con la angustia creciendo en su interior, corrió hacia el otro extremo de la habitación.

-¿Papá? ¿Papá? ¡Papá!

Sintió cómo las rodillas le fallaban. Con sus manitas temblorosas, se cubrió el rostro para no ver aquel cuerpo sin vida en el que se había transformado su padre. La luna se reflejaba en sus ojos, que la miraban de forma hueca y vacía. Una expresión de terror transfiguraba aquellos rasgos que siempre la habían observado con ternura.

-Lo siento, pequeña. Ni papá ni mamá van a poder responderte.

Amanda se asomó entre los dedos, tratando de controlar los hipidos que la ahogaban. La figura se encontraba en un rincón oscuro de la habitación, por lo que no podía distinguir sus rasgos. Amanda solo sabía una cosa: era mala.

Muy mala.

-Ha sido toda una sorpresa encontrarte aquí. No me informaron de tu presencia.

El desconocido hizo un amago por acercarse a la niña, pero Amanda se alejó, temblando.

-Aunque supongo que eso no cambia demasiado las cosas.

Amanda respiró hondo, tratando de reunir todo el valor que podía.

-¿Qui...? ¿Quién eres?

El desconocido soltó una triste carcajada.

-Es una buena pregunta, pequeña. ¿Quién soy? Creía que lo sabía, pero ya... ya no. Creo que soy un un simple títere. Un títere que se encuentra en medio de las espinas de las rosas pero que quiere volver a tener el control de los hilos... pero es imposible.
-No lo entiendo...
-Es igual, princesa.  Es igual... 

De pronto, Amanda escuchó un chasquido.

Una pistola apuntaba su cabeza. Los rayos de luna hacían brillar su superficie plateada. La vio acercarse junto con su dueño, hasta que el cañón besó su sien.

Amanda, paralizada por el miedo, solo podía mirar al asesino, a aquellos ojos negros malévolos que la observaban.

Eran los ojos de la muerte.

-Debería acabar contigo ahora mismo, princesa.  De todas formas, quizá estuviera haciéndote un favor.

Un nuevo chasquido.

Y, de pronto, el frió beso acabó.

El arma ya no le apuntaba.

-Pero tú no deberías morir. Al menos, tú no.

Una gran tristeza cubría cada palabra. Amanda vio una lágrima descender por aquel rostro y estrellarse en el suelo.

-Corre.
-¿Có...? ¿Cómo?
-¡CORRE! ¡HUYE! ¡Y no mires atrás nunca, ¿me oyes?! Corre como no lo has hecho nunca. Corre por ti, pero sobre todo, hazlo por ellos.

Amanda le observó una vez más. Después, sin tan siquiera atreverse a volverse hacia los cadáveres de sus padres, echó a correr.

Sin mirar atrás.

-Adiós, princesa-fue lo último que escuchó antes de abandonar su casa para siempre.


miércoles, 11 de febrero de 2015

El señor de aquel lugar

¡Hola!

Hoy vengo con un relato que escribí hace tiempo. Bueno, en realidad no mucho, pero es que no me acordaba de su existencia hasta hoy, que lo he vuelto a encontrar XDDD

¡Espero que os guste!

EL SEÑOR DE AQUEL LUGAR


Se paseaba como si fuera el dueño y señor de aquel lugar. Los ojillos dormidos, como atrofiados de los animales que le rodeaban se fijaban en él de forma reverencial, nombrándole en silencio su líder y lanzando vítores que nadie, excepto él, era capaz de escuchar.

Se subió con elegancia a la silla, donde otro de aquellos peluches ocupaba su espacio. Lo miró con desprecio despeñarse y movió el rabo con altanería. Ese era su trono, y nadie podría arrebatárselo. En todo caso, sería él el que le dejara sitio a su humano  y solo porque era plenamente consciente de que, con los ruidos y gestos adecuados, recibiría las caricias adecuadas.

Maulló y se acercó a la ventana para observar la calle. Aquellos ya no eran sus dominios, se escapaban de su reino. De todas formas, aquel era un terreno oscuro y gris, con olores que le mareaban y con demasiados peligros.

No, el felino estaba satisfecho con las novedades que había conseguido a lo largo de aquel tiempo. Cada esquina tenía su marca invisible y cualquiera que se había resistido a aquel cambio silencioso en el gobierno de aquella casa, había sufrido las consecuencias. Tal era el caso de aquel feo peluche que se empecinaba en situarse en su silla, o de la figura que había tenido que tirar de la estantería para hacerse un sitio en aquel lugar privilegiado para observar lo que pasaba en el salón.

El gato, que hasta aquel entonces había permanecido tranquilo, movió el rabo y maulló de nuevo, pero esta vez de una forma diferente. Sus bigotes temblaban nerviosos ante la perspectiva.
Le había visto llegar. Y eso solo significaba una cosa.

Lo imaginó claramente en su cabeza. El humano llegaría, saludaría y entraría en la habitación, dejando la mochila tirada. Y lo primero que haría sería acariciarle la cabeza, luego el tronco y, por último, la tripa, tal y como a él le gustaba.  Pero lo mejor llegaba al final, cuando sacaba una de aquellas galletitas que tanto le gustaban.

Con solo pensarlo, el gato se relamió con gusto. Después, con un brillo satisfecho en sus ojillos, pudo comprobar como todo se desarrollaba tal y como él lo había previsto: la llegada, las caricias y la comida.

Un simple ronroneo servía para dominarlo, para dominarlos a todos, en realidad. Volvió a mirar a los muñecos, que observaban la escena en su mutismo habitual.

Se relamió los bigotes.

Sin duda, él era el señor de aquel lugar.

viernes, 6 de febrero de 2015

Vuelvo a ver

¡Hola!

Bien, pues como lo prometido es deuda, vengo con una entrada nueva. Esta vez toca poesía, una que escribí hace poco y que estoy bastante satisfecha con el resultado. ¡Espero que os guste!

VUELVO A VER


He estado en las sombras tanto tiempo
Que temo haberme quedado ciega
Y no ser capaz de ver en el verso
Toda su belleza.

Temo no volver a ser capaz
De amar las palabras como antaño
Y que ya nunca renazcan
Las palabras de mis manos.

¡Muso! ¡Muso!
Yo te busco.

Mírame. Mira las lágrimas en los ojos
Y el temblor en las manos.
Muso, mi muso, te lo imploro:
No me dejes, vuelve a mi lado.

En mi soledad
Te he echado de menos.
En las noches en vela
Te quería en mi  lecho.

Pero no estabas.

Es culpa mía.
Lo sé. Lo sabes.
Yo te abandone primero
Para cumplir un sueño
Y me olvidé de lo importante.

¿Qué son los sueños sin alma?
¿Qué es un alma sin sueños?
La dejé herida, lacerada,
Rota, débil, apaleada
Durante demasiado tiempo.

Había muerto y he resucitado,
He retornado del infierno.
No me dejes sola, Muso, te lo ruego
O volverá el sufrimiento.

Gracias por volver a abrazarme,
Por dejar tu aliento en mis labios
Y guiar con tus manos mis manos.


Vuelvo a ver.

¡Hola de nuevo!

¡Buenas!

Una vez terminados los exámenes, vengo a decir que... ¡¡¡¡VUELVO A ABRIR EL BLOG!!!! Así que voy a quitar el cartel de cerrado y a cambiarlo por uno mucho más bonito. Además, esta noche subiré algo, aunque todavía tengo que decidir el qué XDDD

¡¡¡Muchas gracias a todos por vuestra paciencia!!!

viernes, 16 de enero de 2015

Cerrado por exámenes



¡Hola!

Sé que esto lo tendría que haber puesto antes, pero es que se me pasó totalmente. Estos días estaré de exámenes (hasta el 5 de febrero) así que no me pasaré por aquí ni por el resto de blogs. Perdón por las molestias y muchas gracias por leer ^^ ¡VOLVERÉ A PARTIR DEL 5 DE FEBRERO!

sábado, 3 de enero de 2015

Madrina

¡Hola!

Hoy vengo a anunciar que... ¡tengo madrina! *_______________*

OOOOOOOHHHHH SÍIII 
Es Teresa, de El blog del cuentista. ¡Es genial! ¡Estoy muy ilusionada! :D Espero ser  una buena ahijada XDD