martes, 4 de noviembre de 2014

La Muerte quiere subir al cielo

¡Hola!
Hoy os traigo un relato que acabo de escribir. Es muy posible que escriba más con esta idea, ya que este es solo un boceto. Sin embargo, me gustaría saber vuestra opinión sobre la idea y tener alguna crítica para saber en qué me tengo que centrar a la hora de reescribirlo.
¡Espero que os guste!


LA MUERTE QUIERE SUBIR AL CIELO


Saco de Huesos volvió a moverse incómodo en su tumba. De nuevo le atenazaba aquella sensación de ahogo, como si se quedara sin aire, como si no pudiera respirar.
Qué tontería.
Hacía siglos que Saco de Huesos no respiraba. De hecho, ni tan siquiera tenía pulmones.
Ni ojos.
Ni estómago.
Ni  cerebro.
Ni corazón.
Sin embargo, aquella sensación seguía recorriendo una y otra vez cada célula de sus maltrechos huesos. Sus vecinos en aquel cementerio se reían de él. Al igual que habían hecho los vivos en su momento, los muertos también le dieron de lado, tomándole por loco.
Pero a Saco de Huesos no le importaba. No, hacía mucho tiempo que todo le había dejado de parecer relevante.
Excepto un pequeño detalle.
Un sueño por cumplir.
Enfrentó sus cuencas vacías contra la tapa de su ataúd, ya tan carcomida que se vendría debajo de un momento a otro. ¿Y qué? Su tumba, que había sido su hogar, se había acabado convirtiendo en su prisión. Si se destruía, sería como una pequeña victoria para él.
Saco de huesos suspiró como solo alguien sin pulmones podría hacer hacerlo. Cerró unos ojos inexistentes e imaginó la escena, como había hecho tantas otras veces.
Estaría en la tierra, caminando como antes. Pero entonces daría un salto y él sería liviano, tan liviano como los pájaros que tenían los huesos llenos de aire. Y volaría, oh, sí. Y con una majestuosidad que haría que hasta las águilas le envidiaran.
Se alzaría hacia el cielo, yendo cada vez más y más alto. Saludaría a las nubes y las acariciaría con la ternura que había guardado durante aquel tiempo en sus huesudos dedos. Después haría una reverencia al Sol y daría un beso a la Luna. Admiraría a todas las estrellas, a todos los planetas, a todo el universo.
Porque él sería libre en un cielo infinito.
No como su pequeña y oscura tumba, que ya se había llevado su carne y que amenazaba con robarle su espíritu.
Un nuevo suspiro insuspirable escapó de sus labios sin carne. Si hubiera podido, una lágrima de frustración y tristeza hubiera recorrido aquella calavera que amarilleaba por el paso del tiempo.
Aquel pedazo de Muerte  que quería subir al cielo se tendría que contentar con aquel infierno.
Al menos, por el momento.

3 comentarios:

  1. Me gusta la idea, yo también escribo sobre esto a veces. Que vaya bien, nos vemos!

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  2. Hola Anita!! Te he otorgado el premio Dardos por tu creatividad e ingenio al escribir. Pásate por mi blog para verlo!!!

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  3. ¡Anda! ¡Muchas gracias! *________*

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