martes, 28 de octubre de 2014

El Retiro

¡Hola!
Hoy me gustaría rescatar un relatillo que escribí la primavera pasada. Habla de uno de mis rincones favoritos, no solo de Madrid, sino de todo el mundo: El Retiro.

Espero que os guste ^^

EL RETIRO


Me gusta el Retiro en los días de lluvia. Se camina despacio.  Los charcos reflejan árboles centenarios de los que cae el polen de forma majestuosa y calmada.  Los chiquillos rompen la imagen tranquila del agua, que, enfadada, acaba volviendo a su estado de reposo con un mohín hastiado que en el fondo esconde la ilusión de volver a ser la imagen de una sonrisa.
El ángel caído se muestra más gris que nunca, y lágrimas caen de su rostro roto en una mueca de terror. Mira al cielo, al infinito, a las nubles que anuncian que habrá más agua. Un agua limpia que inunda la ciudad. Y el ángel parece rezar, aunque sabe que nadie escuchará ya sus plegarias.
El paseo se muestra muy diferente a otras veces. Hay caminantes que parecen no tener camino. Hay otros que corren y perros que juegan y ladran en la calzada. Es una imagen que desaparece al internarse en los caminos de barro en los que las huellas de los viandantes se han quedado grabadas. O, más que caminantes, exploradores de una jungla ordenada en la que el silencio ha dejado paso al canto de cientos de pájaros,  que forman un coro invisible entre la maleza.
Incluso el estanque parece otro. Las barcas no surcan las aguas ni los espectáculos han tomado el paseo. Tan solo un puñado de fantasmas pasea, no el maremágnum de colores y acentos de los días de sol. Te puedes acercar sin miedo  a chocar con nadie a la barandilla y ver, entre la suciedad del agua, los peces tratando de comer la porquería y los patos nadando mientras se atusan las plumas.
Los gatos se esconden del agua y miran con gesto aburrido desde las columnas del monumento a Alfonso XII. También esa zona es igual y diferente a un tiempo, como todo el resto del parque. Es el suave aroma a eucalipto el que impera, abriendo los pulmones y la memoria.
En el paseo de coches, una niña aprende a montar en bicicleta. La bici se resbala, se queja con gesto serio. Otro crío pasa con los patines por encima de un charco, tras lo cual no tarda en llegar una reprimenda de su progenitor.
El Retiro los días de lluvia es otro.

Es más Retiro que nunca. 

2 comentarios:

  1. Muy bonito y evocador. Ahora en otoño debe estar precioso...
    Saludos,

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  2. ¡Hola! Sí, El Retiro es precioso en cualquier época, pero ahora más, sobre todo cuando todas las hojas estén marrones y caigan *_______*
    ¡Me alegro de que te guste y muchísimas gracias por tu comentario, Carmen! :3

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