sábado, 27 de diciembre de 2014

Hijos del Azar (Nana)

¡Hola!

Hoy os traigo un regalo: un trocito de la novela que estoy escribiendo ahora ^^ No, esta vez no es de misterio, y no tiene muertos ( ¿o sí? chachachaaaannnn) (ya pondré trozos de otras novelas para que se entienda el comentario XDDDD).

En fin, esta novela surgió de... oír canciones de Amaral, supongo. En realidad, tenía dos personajes por un lado de una novela que no supe acabar y otros de una novela que no sabía empezar. Y me dije... ¿por qué no juntarlos? Y así surgió Hijos de Azar. Son dos historias paralelas, aunque pueden que se junten en un momento dado. O no. Esa es la gracia: la estoy escribiendo sobre la marcha, sin planear absolutamente nada. Y me gusta. Me pica la curiosidad por saber lo que va a pasar XDDD

Hoy os traigo un trocito de Nana, porque me sorprendí mucho al escribirlo. Ella es dulce y se ríe siempre, pero me sacó su mal genio de una forma que no esperaba. Pongo toda la "escena" para contextualizar un poco, pero lo realmente importante es el último párrafo. Espero que os guste ^^

HIJOS DEL AZAR


-¡Oh, Pablo! ¡Me tenías que haber visto! Ha sido tan genial…
Pablo me escucha mientras comemos. Ya le he contado varias veces los pormenores de mi actuación, pero no me dice que me calle. Algo es algo. Muchos ya me habrían intentado cerrar el pico.
Sí, intentado. En momentos como este, en los que soy un auténtico manojo de nervios, es imposible que me calle.
-¡Y todo el mundo mirándome! Y luego ha venido el crío y me ha dicho que si se podía hacer una foto… ¡conmigo! ¿Te lo imaginas? ¡Como si fuera famosa!
-Me alegro-dice él. Finalmente, le he dejado un huequito para hablar.
Pero no me gusta su tono. Esconde algo. Lo sé, soy buena para estas cosas.
-¿Qué? ¿Qué pasa?
Sus ojos marrones me evitan. Se despeina el cabello oscuro. Caray, es como si hubiera viajado en el tiempo al primer día que estuve aquí.
-Nada… nadaimportante-otra vez habla muy rápido, como cada vez que algo le incomoda.
-No, habla. ¿Qué pasa?
-Que yo que tú no me haría tantas emociones. Quiero decir, está muy bien que hayas tenido tanto éxito en tu primer día, pero no es fácil mantenerse. Quizá otro día no tengas tanta suerte, y no es cuestión de que te lleves un gran chasco… No me gustaría verte triste.
¿Qué no le gustaría verme triste, dice? ¿Y por qué rompe así mis ilusiones? ¿Por qué pone en palabras lo que yo ya sé pero que en estos momentos no me apetecía recordar? ¿Qué pasa, no tengo derecho a regocijarme en este pequeño éxito?
Me levanto de la mesa. Le miro directamente a los ojos y, aunque él trata de evitarme, le obligo a que también me mire a mí.
-Mira-comienzo, tratando de contener mi rabia-. No sé si creerás que por ser un año menor que tú soy una tonta. O por tener sueños especiales. ¿Qué te crees, que no sabía las dificultades? ¿Qué no sabía que me tendría que buscar algo más? No, Pablo, no me fui del pueblo buscando lo fácil, me fui a buscarme a mí misma. Y eso es algo muy, muy difícil. Y estoy dispuesta a asumir los riesgos. Me da igual si me derrumbo, volveré a levantarme. Da igual si estoy triste, volveré a sonreír. Porque si no llorara alguna vez, significaría que estaría mintiendo siempre. Así que no trates de quitarme ilusiones. Porque, en ese caso, me estarías quitando el alma.
Y, dicho esto, salgo de la cocina.




jueves, 11 de diciembre de 2014

El hombre del barquito

¡Hola!

En fin, en este blog quería poner tinta fresca, pero no he podido resistirme. Pensé que había perdido este relato, pero... ¡lo encontré!

La verdad es que, aunque ahora que lo releo encuentro unos cuantos fallos, me siento muy orgullosa de él. Fue  el primero con el que gané algo, un pequeño concursillo en el que solo había 11 participantes. Pero me dio muchísima alegría y, por eso, he decidido subirlo tal cual. Así podéis ver si he mejorado o no.

La imagen es el premio del concurso. Anumy-chan es el nick que tenía en aquel entonces en el foro que lo organizó (el foro de Laura Gallego, del que prometo hablaros algún día). Si alguien lo conoce, sigo por esos lares, aunque ahora soy simplemente Anumy ^^

¡Espero que os guste!


EL HOMBRE DEL BARQUITO


Otra vez él estaba allí. Alto, desgarbado, vestido con prendas que parecían puestas al azar sobre sus hombros, pantalones que le quedaban más bien cortos y que mostraban unos viejos calcetines grises metidos en unas mugrientas deportiva que, antaño, debían haber sido blancas. Su pelo, rojo como el fuego, siempre oculto tras una gorra negra mugrienta y los ojos, en sombra por la visera, no podían esconder aquel brillo soñador diluido en sus ojos grises que le daban un aspecto bohemio, como si todo lo que pasara a su alrededor no fuera importante.
Pero, por extraño que parezca, había algo que llamaba incluso más la atención que el propio aspecto de este curioso personaje. Un barquito.
En realidad, no era nada raro ver en aquel pequeño estanque barcos teledirigidos, puesto que los alquilaban en el tenderete que está justo a la derecha del banco donde me encuentro, observando el paisaje otoñal del parque, a los niños jugando alborozados a coger la hoja más grande, o bien intentando imaginar por un momento que eran capitanes de aquellas pequeñas embarcaciones de vela, blancas y con un par de rayas rojas recorriendo de forma paralela el casco y un número en negro en una pequeña bandera sobre el mástil.
Pero el navío que portaba aquel hombre era totalmente distinto a los demás. Para empezar, tenía un sin fin de remaches y arreglos con celo y cinta aislante, lo que le daba un aspecto muy frágil. El casco, de un marrón apagado, hacía mucho tiempo que había dejado de brillar y el peso, en lugar de la elegante forma triangular de los otros barcos, era una piedra amorfa atada con un hilo a un pequeño saliente de la quilla.
Y, sin embargo, cuando lo veías en el agua, en este caso de colores anaranjados debido a las hojas que reflejaba, parecía algo mágico. Navegando con calma, llevado, al contrario que los demás veleros, por el azar, las horas se pasaban en suspiros.
Por supuesto, aquel hombre era consciente de ello.  Y, quizá por eso, todas las mañanas se rendía a su embrujo. Simplemente soltaba el pequeño juguete, tal y como estaba haciendo ahora, se sentaba en el bordillo que rodeaba el agua y dejaba pasar el tiempo, sumido en sus propios pensamientos.
En realidad, aunque no lo parezca, aquella actividad, a la par que relajante, era algo muy entretenido. El barco parecía que iba directo a la otra orilla pero, de repente, debido a una pequeña brisa juguetona, viraba a la derecha. Después, por culpa de una hoja danzante que aterrizaba con suavidad en el lago, formando una ola minúscula, el navío volvía a cambiar de rumbo. Además, era muy reconfortante ver en las caritas de los niños el interés por aquel objeto, observar cómo los que lloraban paralizaban sus lágrimas como hipnotizados por el pequeño objeto.
Y, cómo no, estaba el misterio de aquel extraño hombre. Le había visto allí todas las mañanas desde finales del verano, y, aunque a veces la temperatura era realmente agobiante, él se mantenía en su posición, impertérrito. Ahora, en otoño, cuando las hojas ya habían pasado de caer de forma perezosa a tirarse en masa y el frío comenzaba a llegar silenciosamente, él seguía allí.
En realidad, no puedo asegurar si se está todo el día en el estanque, mirando a la nada, ya que yo me marchaba siempre antes. Algo que desde que le conocía me había llamado la atención es que nunca le había visto coger ningún papel para dibujar un boceto como otras personas situadas en otros puntos del parque; nunca había cogido ningún apunte para escribir ninguna novela o poema.
Lo que aquel hombre hacía allí era simplemente nada. Nada… de cara a los demás.
Como cada día, intenté reunir el valor suficiente para levantarme y sacarle de su ensimismamiento, para saber algo sobre él. Como siempre, me levanté, al principio con seguridad. Pero, según me iba acercando, notaba como las dudas y la culpabilidad por sacarle de sus pensamientos de aquella manera iban mermando mi decisión.

Sonreí con resignación mientras volvía sobre mis pasos. Aquel día tampoco conseguiría mi propósito.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Sol

¡Hola!

Hoy vengo a resucitar Rincones Secretos con este lugar tan emblemático de Madrid. ¡Espero que os guste! :3

SOL



Camino por el centro de la capital. O, más bien, lo intento. La gente me rodea. Apenas puedo dar un paso sin que mi espacio coincida con el de otra persona. Las bolsas cuelgan de los brazos. La gente se pone sombreros que jamás volverá a llevar. Los niños ríen mientras tiran bombetas que hacen que los perros ladren, aterrados.

Apenas quedan un par de minutos para las seis. El reloj da la hora con el mismo porte regio con el que indica el cambio de año. Un árbol de Navidad mustio, apagado, está en el centro de la plaza. 

Algo ocurre. La gente aplaude y las sonrisas de felicidad se dibujan en los rostros. Miro a mi alrededor: el árbol ha dejado de estar dormido. A las seis en punto ha despertado, iluminándose de tonos dorados que compiten con el negro de las nubes que amenazan lluvia. Los niños lo miran extasiados, al igual que los adultos. Aparecen las cámaras de fotos y mil conversaciones empiezan a la vez. 

Sonrío. Siempre me ha gustado Sol, incluso aunque no esté engalanado con sus mejores galas. Me gusta porque posee mil historias en su seno, escritas en un sin fin de idiomas distintos. Descubro unas palabras en francés, otras con un toque andaluz, otras en inglés... Detrás de cada una hay un mundo, hay un relato, tal vez incluso una novela.

Me siento en casa. 

domingo, 30 de noviembre de 2014

All you need is love!



¡Hola!

En fin, esta no es la entrada que esperaba poner hoy, pero al final el finde ha sido un no parar. Lo cual ha estado bien, la verdad ^^

Pero no por ello quería dejar de subir algo, que ya os dejado bastante abandonados estos días. Ni tampoco quería recurrir a algo escrito hace mil años. Por eso, me he decantado por un trocito de la última novela que he escrito, All you need is love! La escribí para un concurso del foro de Laura Gallego (al que dedicaré una entrada en breves), y el condicionante era usar un personaje secundario de una película a elegir entre unas cuantas. Yo me decanté por Love Actually, y escribí sobre Rufus, es decir, el vendedor de joyas (Mr. Bean, vaya XDDD).


Este es Rufus :3

Elegí un estilo que jamás había utilizado y, aunque quedé tercera ( de 3 XDDDDD) me siento muy orgullosa, porque logré emocionar muchísimo a una chica. Y creo que esa la función primordial de cualquier escritor, por encima de las ventas o la fama. Estamos aquí para ilusionar y emocionar. Para eso se crearon las palabras.

En fin, no me entretengo más. Espero que os guste el principio de la novela. Es probable que tenga bastantes fallos porque todavía no está corregida, pero bueno, espero que me los perdonéis ^^"
Imagen


I

Londres. La gran urbe aparece mientras nos acercamos con cautela. Un maremágnum de personas aparecen en escena. Se mezclan las culturas, las razas y los acentos de una forma rara pero  hermosa. Los coches envían sus humos al cielo nublado, que amenaza una lluvia inminente. La temperatura es baja, a lo que no ayuda el viento gélido y húmedo que impregna las esquinas.
El invierno se deja notar en la ciudad.
Pero demos unos pasos más. Vayamos al centro. Dejemos que el Big Ben nos salude dando las horas. Parece cansado de cumplir con su misión. Quizá por eso aparece algo tumbado, como si quisiera verse en las aguas del Támesis. O tal vez quiere observar a través del Ojo de Londres. O se ha cansado de su posición y quiere alejarse del resto del Parlamento. Quién sabe.
De todas formas, ahora no nos interesa su historia. Debemos coger un autobús. Ese que viene, en efecto.  Pueden tomar el asiento que quieran. ¿Subimos al piso de arriba? Una señora mayor nos mira. No puede evitar reírse al ver que casi tropezamos cuando el autobús para bruscamente. Pero mantengamos la dignidad y sentémonos, antes de que alguien acabe de verdad en el suelo.
Empieza a llover, y eso nos empaña la visión de la ciudad. De todas formas, no hemos venido a hacer turismo. No pongan esas caras, porque, en cierto modo, también les voy a enseñar Londres.  Simplemente es que no vamos a ser turistas normales.
Bajémonos. Sí, el trayecto se ha hecho corto. Sí, sé que en el autobús se está muy calentito y seco, pero creánme, merecerá la pena. Además, no vamos a caminar mucho por la calle. De hecho, nos dirigimos a un centro comercial.
¡Fíjense! Quedan dos semanas, pero ya está todo preparado para San Valentín. Cada uno de los escaparates se ha vestido para la ocasión, mostrando como los distintos departamentos están listos para la festividad del amor. Los corazoncitos aparecen hasta en los objetos más insospechados. Lencería roja, bombones por doquier e incluso ositos que te dicen “te quiero” con una voz que pone los pelos de punta. Qué romántico, ¿verdad?

Venga, venga. Ya sé que todo es precioso, pero tengo algo importante que enseñarles.
¡Caramba! No esperaba tanta gente. O, bueno, quizá sí. Por aquí, por favor, no se pierdan. Nos dirigimos a la sección de  joyería.  ¿Ven a aquel hombre? ¿El dependiente? No, el armario empotrado de ojos azules no, el otro. El bajito con orejas de soplillo. El canoso con ese brillo travieso en los ojos y la sonrisilla pícara. Ese.
No se dejen engañar por las apariencias.
Ese hombre es alguien especial.




sábado, 22 de noviembre de 2014

Estrofas

¡Hola!

Hoy vuelvo con la vena literaria. No me he olvidado de Saco de Huesos, que volverá a aparecer muy pronto. Además, tengo previsto abrir en breves una nueva sección del blog... pero eso ya se verá. Estos días estoy bastante ocupada, así que espero que me perdonéis si no actualizo con tanta asiduidad como antes.

Hoy os traigo estrofas sueltas que escribí a lo largo de varios días. Algunas demuestran mi enfado, otras ironía, alegría... popurrí, vaya.

Espero que os gusten ^^

ESTROFAS

Dicen que quien tiene un amigo 
tiene un tesoro,
pero hay que tener en cuenta
que no todo lo que reluce
es oro. 

********

Tengo la tripa llena
y el corazón vacío.
Así es el mundo
en el que yo vivo

********
Shhh, no digas tan alto
tus versos.

Vale, lo siento
a partir de ahora
guardaré en mi alcoba
mis sentimientos.


*******
Nuevos rumbos, 
nuevos caminos.
¡Qué cosas más raras
tiene el destino!

*******
Supongo que mi mejor herencia
es este cuaderno de poemas,
prueba viviente de que aunque muera
jamás estaré muerta.




martes, 11 de noviembre de 2014

Guitar's Soul

¡Hola!

Como hoy me temo que mi cabeza no está para pensar demasiado, he decidido estrenar una nueva sección del blog: Con trocitos. Sin embargo, en lugar de simplemente poner citas (ya veré si abro un espacio para ello o utilizo esta misma etiqueta), voy a colgar fragmentos de las novelas que he escrito. Quizá los trocitos que más ha gustado a alguien que lo ha leído, o los que más me emocionan o, simplemente, lo que pille.

En esta ocasión os quiero presentar al fragmento más especial de mi novela más especial: Guitar's Soul. Bueno, en realidad son varias novelas, ya que la historia ha sufrido varios cambios en las distintas versiones que he hecho a lo largo de los años. Pero estoy muy orgullosa de ella y, especialmente, de sus personajes.

Este trocito es muy especial, no solo por su importancia en la novela sino por él mismo.

Espero que también os guste a vosotros.



Allí está ella, sentada en un banco caído.
Nuestras miradas se cruzan un fugaz instante. Después, la chica cierra los ojos.
Pero yo no soy capaz de apartar la vista de ella mientras toca los últimos acordes, los que ella me enseñó en lo que ahora se me antoja más un sueño que una realidad.
Cuando acaba, sus dedos siguen bailando con las cuerdas. Toca pequeños fragmentos que conozco muy bien, no solo de melodías pegadizas y acordes de acompañamiento de canciones actuales, sino también piezas de guitarra clásica. Incluso vislumbro trocitos de aquellas canciones que, aunque ahora me parecen tan fáciles, tanto me costaron aprender en su momento. Miles de recuerdos se arremolinan en mi mente, y con más fuerza que ninguno la ilusión que ponía cada vez que tocaba la guitarra, creyéndome más cerca de los escenarios.
Y siento nostalgia por aquellos tiempos.
Finalmente,  las notas se dispersan con el viento.
Abre los ojos, esos ojos negros, oscuros como una noche sin luna, pero que brillan de una forma única, como si escondieran mil estrellas en su interior. El aire acaricia sus cabellos lisos, del color de azabache, que caen por sus hombros como si fueran una cascada. Sus labios, finos, están curvados en una sonrisa, que parece estar dirigida a mí.
Es curioso. Es la primera vez que la veo, pero no puedo dejar de tener la sensación de que la conozco de algo.
—Ho…hola—logro decir finalmente, notando como el rubor me va cubriendo el rostro.
—Hola—responde ella. Su voz tiene un sonido dulce, que en cierto modo me recuerda al de su instrumento.
—¿Quién…? ¿Quién eres?
No me responde. Tan solo me observa, mientras vuelve a tocar. Baja la mirada, y la dirige a su mano izquierda, que navega por el mástil con la seguridad de quien lo ha hecho muchas veces.
Me siento idiota. Está claro que me considera un tontaina, ahí, parado, tartamudeando y totalmente colorado. Seguro que todo esto no ha sido más que una broma pesada y que yo ya he dejado de resultar un juego para ella.
Sacudo la cabeza, tratando con todas mis fuerzas de ocultar mi profunda decepción.
Apenas doy un par de pasos antes de percatarme de darme cuenta de un detalle.
Me vuelvo. Su mano se mueve por los trastes con elegancia, la derecha no deja de pellizcar con suavidad las cuerdas. Cambian con agilidad de posición, cambian el tono de las notas.
Las dos únicas notas que conforman aquella melodía improvisada.
Son solo dos sonidos vestidos de distintas formas.
Mi, la, mi, la…
—¿Mila? ¿Te llamas Mila?
Ella asiente en silencio.
Acto seguido, hace enmudecer al instrumento. Con mucho cuidado, lo deja en la hierba y se levanta.
Sus pies apenas parecen tocar en suelo mientras se acerca a mí. Yo lo único que soy capaz de hacer en esos momentos es sentirme bastante imbécil. No sé si debo quedarme donde estoy, acercarme a ella o huir de esta locura. Lo único que parece reaccionar de todo mi cuerpo es mi corazón, que late tan fuerte que creo que incluso Mila puede escucharlo.
—Eric, yo siempre he estado ahí, apoyándote en tu sueño… ¿no lo recuerdas?
Su voz, dulce, no deja de recordarme al sonido de su instrumento. Pero no es eso lo que más ha captado mi atención.

Lo importante ahora mismo son sus palabras.

martes, 4 de noviembre de 2014

La Muerte quiere subir al cielo

¡Hola!
Hoy os traigo un relato que acabo de escribir. Es muy posible que escriba más con esta idea, ya que este es solo un boceto. Sin embargo, me gustaría saber vuestra opinión sobre la idea y tener alguna crítica para saber en qué me tengo que centrar a la hora de reescribirlo.
¡Espero que os guste!


LA MUERTE QUIERE SUBIR AL CIELO


Saco de Huesos volvió a moverse incómodo en su tumba. De nuevo le atenazaba aquella sensación de ahogo, como si se quedara sin aire, como si no pudiera respirar.
Qué tontería.
Hacía siglos que Saco de Huesos no respiraba. De hecho, ni tan siquiera tenía pulmones.
Ni ojos.
Ni estómago.
Ni  cerebro.
Ni corazón.
Sin embargo, aquella sensación seguía recorriendo una y otra vez cada célula de sus maltrechos huesos. Sus vecinos en aquel cementerio se reían de él. Al igual que habían hecho los vivos en su momento, los muertos también le dieron de lado, tomándole por loco.
Pero a Saco de Huesos no le importaba. No, hacía mucho tiempo que todo le había dejado de parecer relevante.
Excepto un pequeño detalle.
Un sueño por cumplir.
Enfrentó sus cuencas vacías contra la tapa de su ataúd, ya tan carcomida que se vendría debajo de un momento a otro. ¿Y qué? Su tumba, que había sido su hogar, se había acabado convirtiendo en su prisión. Si se destruía, sería como una pequeña victoria para él.
Saco de huesos suspiró como solo alguien sin pulmones podría hacer hacerlo. Cerró unos ojos inexistentes e imaginó la escena, como había hecho tantas otras veces.
Estaría en la tierra, caminando como antes. Pero entonces daría un salto y él sería liviano, tan liviano como los pájaros que tenían los huesos llenos de aire. Y volaría, oh, sí. Y con una majestuosidad que haría que hasta las águilas le envidiaran.
Se alzaría hacia el cielo, yendo cada vez más y más alto. Saludaría a las nubes y las acariciaría con la ternura que había guardado durante aquel tiempo en sus huesudos dedos. Después haría una reverencia al Sol y daría un beso a la Luna. Admiraría a todas las estrellas, a todos los planetas, a todo el universo.
Porque él sería libre en un cielo infinito.
No como su pequeña y oscura tumba, que ya se había llevado su carne y que amenazaba con robarle su espíritu.
Un nuevo suspiro insuspirable escapó de sus labios sin carne. Si hubiera podido, una lágrima de frustración y tristeza hubiera recorrido aquella calavera que amarilleaba por el paso del tiempo.
Aquel pedazo de Muerte  que quería subir al cielo se tendría que contentar con aquel infierno.
Al menos, por el momento.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Tiempo

¡Hola!
Vuelvo con un nuevo poema (sí, las noches en vela pueden dar mucho de sí XDD). ¡Espero que os guste!





TIEMPO

El tiempo se agota
el tiempo se espanta.
Acoge los segundos en tu seno.

"¿Para qué quieres el tiempo?",
pregunta mi otro yo.
"No lo sé", contesto.

Pero sigo atesorando
tic-tacs del reloj.




martes, 28 de octubre de 2014

El Retiro

¡Hola!
Hoy me gustaría rescatar un relatillo que escribí la primavera pasada. Habla de uno de mis rincones favoritos, no solo de Madrid, sino de todo el mundo: El Retiro.

Espero que os guste ^^

EL RETIRO


Me gusta el Retiro en los días de lluvia. Se camina despacio.  Los charcos reflejan árboles centenarios de los que cae el polen de forma majestuosa y calmada.  Los chiquillos rompen la imagen tranquila del agua, que, enfadada, acaba volviendo a su estado de reposo con un mohín hastiado que en el fondo esconde la ilusión de volver a ser la imagen de una sonrisa.
El ángel caído se muestra más gris que nunca, y lágrimas caen de su rostro roto en una mueca de terror. Mira al cielo, al infinito, a las nubles que anuncian que habrá más agua. Un agua limpia que inunda la ciudad. Y el ángel parece rezar, aunque sabe que nadie escuchará ya sus plegarias.
El paseo se muestra muy diferente a otras veces. Hay caminantes que parecen no tener camino. Hay otros que corren y perros que juegan y ladran en la calzada. Es una imagen que desaparece al internarse en los caminos de barro en los que las huellas de los viandantes se han quedado grabadas. O, más que caminantes, exploradores de una jungla ordenada en la que el silencio ha dejado paso al canto de cientos de pájaros,  que forman un coro invisible entre la maleza.
Incluso el estanque parece otro. Las barcas no surcan las aguas ni los espectáculos han tomado el paseo. Tan solo un puñado de fantasmas pasea, no el maremágnum de colores y acentos de los días de sol. Te puedes acercar sin miedo  a chocar con nadie a la barandilla y ver, entre la suciedad del agua, los peces tratando de comer la porquería y los patos nadando mientras se atusan las plumas.
Los gatos se esconden del agua y miran con gesto aburrido desde las columnas del monumento a Alfonso XII. También esa zona es igual y diferente a un tiempo, como todo el resto del parque. Es el suave aroma a eucalipto el que impera, abriendo los pulmones y la memoria.
En el paseo de coches, una niña aprende a montar en bicicleta. La bici se resbala, se queja con gesto serio. Otro crío pasa con los patines por encima de un charco, tras lo cual no tarda en llegar una reprimenda de su progenitor.
El Retiro los días de lluvia es otro.

Es más Retiro que nunca. 

domingo, 26 de octubre de 2014

Mi Muso


¡Hola!

Creo que no puedo empezar este pequeño rinconcito del blog de otro modo. Porque el Muso es una figura muy recurrente en mis poemas, pero que hasta ahora no había explicado realmente. Ni tan siquiera a mí misma.

Por supuesto, al leer el nombre todo el mundo tendrá una idea de a lo que me refiero. Pero, aún así, prefiero explicarlo de la mejor manera posible: con un poema.

¡Espero que os guste!

MI MUSO

Es mi Muso mi amante,
mi querido amigo
a pesar de que nunca le veré
ni jamás será visto.

Es mi Muso aquel que al oído
me susurra palabras amables,
y aunque a veces indescifrables,
yo les encuentro su sentido.

Es mi Muso un ser querido
por el que mi corazón late
y aunque a veces no me llame,
sueño que sueña conmigo.

Es mi Muso mi inspiración,
mi lapicero en la mano
aquel que guía mis pasos
y hace hablar mi corazón.

Este mi Muso:
mi amigo,
mi amante,
mi inspiración.

Todo.